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CRIAR SIN PADRE

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CRIAR SIN PADRE

Mensaje por Romisb82 el Jue 01 Sep 2011, 1:40 am

COMO NO ME DEJA COLGAR EL LINK COPIO ACÁ UNA NOTA QUE LEI Y ME RESULTÓ MUY INTERESANTE, NO SÉ SI LA HABRÁN LEIDO PERO ME PARECE QUE MERECE LA PENA... ESPERO NO ESTÁR INCUMPLIENDO QUE NINGUNA REGLA DEL FORO SI ES ASI ACEPTO QUE ESTE MENSAJE SEA BORRADO, LO DIGO PORQUE ESTO ES ALGO COPIADO DE UN BLOG. BESOS
Dicen que nuestros hijos son
nuestra viva imagen. A través de ellos nos miramos a nosotros mismos y
sobre ellos proyectamos nuestros deseos, nuestras frustraciones,
nuestras ilusiones y sueños. Los convertimos, sin darnos cuenta, en
nuestro reflejo, como si mirásemos un espejo que siempre nos devuelve la
misma imagen: la nuestra, con nuestros valores, nuestras creencias,
nuestros sentimientos, nuestra forma de ver el mundo.


¿Qué
sucedería si dejásemos de hacerlo? ¿Si dejásemos de mirarnos a nosotros
mismos para verlos a ellos, los hijos e hijas que hemos traído al
mundo? ¿Qué sucedería si hiciéramos un esfuerzo por comprender su
realidad, sus afectos, su alegría y su dolor y lo hiciéramos desde
ellos, no desde nosotros?


¿Qué ocurre cuando una madre y un padre atraviesan el espejo?
Os invito a comprobarlo a través de la lectura de estos textos.

CRIAR SIN PADRE, MADRES SOLTERAS POR ELECCIÓN

S
on diversos los caminos por lo que una mujer llega a tomar la decisión de tener un hijo de un donante anónimo.

En
realidad, muchas de las dificultades que se va a encontrar una mujer
que por decisión propia concibe un hijo sin figura paterna (es decir,
mediante inseminación de un donante anónimo), son las comunes a muchas
otras madres, padres o parejas con hijos, ya estén juntos o separados,
pues son dificultades inherentes al desarrollo del niño y a los cambios
que conlleva la crianza.

Otras dificultades van a ser las mismas
que tienen las mujeres que viven solas con sus hijos tras una
separación, e incluso algunas mujeres que viven en pareja pero de forma
disfuncional.

Quiero decir que hay algunos elementos, conflictos
y dificultades que no son exclusivos de esta situación sino que son
comunes a la crianza, aunque la forma de abordarlos sí puede ser
distinta porque hay que tener en cuenta cada situación particular.

Sin
embargo, sí creo que hay una variable diferenciadora en esta situación
(situación que se deriva de una elección personal) y es el hecho de
que, si bien ha habido un hombre en esta historia, la figura paterna no
existe ni ha existido y que el deseo de tener un hijo no ha surgido de
una relación de pareja.

Esto representa un matiz diferencial
respecto a otras situaciones en las que pueda haber una ausencia de
alguien que sí estuvo presente en algún momento, un duelo, etc…

Tipos de familias-

Partimos
de la base de que en la naturaleza humana son necesarios dos géneros
para la reproducción. Casi todas las características fisiológicas del
ser humano tienen una funcionalidad y determinan unas conductas. En el
caso del género, es obvio que el apareamiento (o alguna técnica que lo
sustituya) es la única conducta que garantiza la perpetuación de nuestra
especie. Así que cientos de mecanismos a todos los niveles van a estar
funcionando para que tenga lugar ese apareamiento.

De ahí que la estructura clásica de familia se constituya en torno a un hombre y una mujer, un macho y una hembra.

Sin
embargo, en nuestra sociedad actual y en el mundo en el que vivimos,
los seres humanos hemos trascendido a nuestros “objetivos biológicos”
gracias a la capacidad de las personas de vincularnos entre nosotras y
establecer alianzas vitales muy variadas y que van más allá del mero
afán de procreación.

De este modo, una familia puede tener diferentes formas, todas ellas resultado de la combinación de ambos géneros

En
realidad, cualquier forma de familia es válida para tener descendencia,
siempre y cuando garantice el correcto desarrollo del niño y la
satisfacción de sus necesidades y derechos a todos los niveles: físico,
emocional, social , etc..

Lo importante no es tanto la figura
masculina o femenina, sino un tipo de crianza que posibilite al niño un
desarrollo adecuado a cada edad, de la mano de una o varias figuras de
apego.

Por eso, sea cual sea nuestro tipo de familia, tenemos que
intentar garantizar al niño los recursos para que pueda desarrollarse
de forma óptima. Y esa garantía se la podemos ofrecer desde cualquier
estructura familiar, siempre y cuando conozcamos cómo tiene lugar ese
desarrollo y qué necesidades nos vamos a encontrar.

El bebé
humano y el niño humano tienen unas necesidades y unos hitos de
desarrollo que son comunes a toda nuestra especie , independientemente
de cómo hayan sido concebidos o del tipo de familia que tengan. Estamos
hablando de necesidades universales del bebé humano y de hitos del
desarrollo universales del niño humano.

En general, las
dificultades que nos vamos a encontrar en los primeros años de crianza
en este tipo de familia, van a tener que ver con la necesidad del niño
de formarse una idea sobre su origen y más adelante, la necesidad de
superación de la etapa puerperal y el paso de la relación fusional a una
relación mediada por separaciones y encuentros.

Estas dificultades se van a ver entonces:

-A la hora de pensar y explicar el origen de nuestro hijo.

-Al finalizar el puerperio, en el momento en que nuestro hijo comienza a construir su identidad como ser separado de nosotras.


El donante- Los orígenes.

Lo
primero que vamos a hacer es pensar en esta situación, es decir la
forma en la que nuestro hijo ha sido concebido, lo que nos llevó a
desear concebirlo de esa manera. Es importante pensar en ello porque es a
partir de ahí desde donde vamos a ir construyendo una historia
personal, un concepto, una forma de entender nuestras decisiones que
antes o después nuestro hijo va a necesitar conocer.

El punto de
partida individual previo a la concepción es muy importante porque va a
determinar la relación personal que nosotras vamos a tener con esa
figura anónima.

Ese otro nunca puede ser inexistente porque
sería faltar a la verdad. Pero tampoco es una figura paterna. Es una
figura que ha participado para hacer posible la concepción, pero que no
ha tenido implicación emocional en la misma salvo la generosidad de
donar su código genético para hacer realidad nuestro deseo de tener un
hijo.

En realidad, al ser anónima, la figura del donante se
presta a tener mil caras, tantas como nosotras podamos “colocarle”
inconscientemente, generando muchas ambivalencias que no siempre vamos a
saber resolver bien y que nos pueden llegar a inquietar.

Es
importante trabajar esta figura desde “una misma”, porque ese trabajo le
va a dar a la madre un discurso respecto a sus que es muy importante.


Cómo resolver las preguntas de nuestros hijos sobre sus orígenes.-

A
los niños hay que decirles la verdad. Pero a veces, la verdad tiene
muchos matices, y este es uno de esos casos. Porque la palabra “papá” o
padre” va a estar significando, en ocasiones, cosas diferentes para
nosotras y para un niño. Va a depender de su edad y su capacidad de
simbolizar y comprender conceptos abstractos.

En un momento
determinado, el niño va a empezar a intentar construir su identidad .Y
en ese momento, el niño se va a preguntar de dónde viene de él, de
quiénes viene y de qué manera.

Nuestra respuesta va a depender
del momento evolutivo del niño y de lo que el niño necesita saber
exactamente. Tenemos que intentar averiguar qué nos está preguntando
nuestro hijo cuando nos pregunta por “papá”.

-Puede que lo que necesite saber es si hubo alguien más de mamá que participó del alguna manera en su venida al mundo.
-Puede que quiera saber si ese alguien es un hombre y cómo es ese hombre.
-Puede que quiera fantasear con el rostro de ese otro.
-Puede que quiera saber si tiene más hijos.
-Puede que quiera saber por qué no está.
-Puede que quiera saber si él puede establecer vínculos con otras personas además de su mamá.

Hasta
los cinco-seis años aproximadamente no está instalada la función
simbólica en su totalidad. Hasta ese momento, el niño tiende a pensar en
“imágenes concretas”, es decir, que para simbolizar (para representarse
mentalmente algo que no está presente, un concepto, etc..) tiene que
hacerlo remitiéndose a lo concreto, así que tenemos que proporcionarle
la posibilidad de imaginar a alguien “concreto” para poder elaborar
desde él esa figura.

Puede que necesite imaginarse a una persona
con algunas características conocidas (la barba del tío Antonio, la
estatura del papá de mi amigo, la sonrisa del abuelo) para poder
“pensar” en esa figura de alguna manera.

Según va teniendo lugar
el desarrollo cognitivo, el niño va a poder ir manejándose con
conceptos más abstractos y elaborar sus vivencias y sus preguntas sobre
sí mismo y su realidad desde un tipo de pensamiento más evolucionado.


De la díada al nacimiento del yo.-
El largo puerperio.- Los dos primeros años.

El
puerperio es la etapa que se sucede al parto. Esta etapa tiene unas
características propias, únicas en la vida de las mujeres y que sólo
pueden tener lugar, en toda su magnitud emocional y fisiológica, tras un
alumbramiento. Durante el puerperio, todo el organismo de la madre la
predispone a integrarse en y con el funcionamiento físico y mental del
recién nacido.
Este estado que llamamos puerperio es evidente en los
momentos y meses inmediatamente posteriores al parto, pero se alarga
hasta el momento en que el bebé es capaz de percibirse a sí mismo como
una persona separada de la madre, es decir en torno a los dos años
(meses arriba, meses abajo).
Desde que nace y hasta ese momento en
torno a los dos años (insisto, meses arriba, meses abajo) , el bebé
“existe” , es decir, “es” gracias al ingreso y la participación del
territorio emocional de un otro, idealmente su madre.
Hasta ese
momento, el hecho de que el bebé no tenga aún una noción concreta del
“yo”, mantiene a la madre prendida en la entrega puerperal: asumiéndose a
sí misma como un universo entero para su hijo, ofreciéndole su
estructura y su capacidad integradora y difícilmente conectada con nada
que quede fuera de esa relación o que no pase a través de la misma.
Al
igual que el bebé comprende el mundo a través de la madre, ella conecta
con lo real a través del hijo que aún está prendido de ella.
Si
todo va bien, es decir si el bebé crece con una participación real en el
campo emocional materno si cuenta con una madre continente y empática,
alrededor de los dos años sucederá uno de los hechos a mi entender más
mágicos de la vida psiquica del ser humano, que es el nacimiento del
“yo”.
Es el momento en el que de forma natural el bebé comienza a
tener una noción del sí mismo, empieza a tener una noción de identidad y
una necesidad de establecer vínculos sólidos con otras personas que no
sean la madre.

Pero para poder separarse de la madre para crecer
(sin sentir que la abandona), el niño necesita, al mismo tiempo, que la
madre sea capaz de vincularse también con otras personas además del
hijo.
Y es en ese momento cuando los hilos invisibles que unían a madre e hijo se transforman.
Es
fácil saber cuando sucede este cambio, porque por lo general los
pequeños se abren al mundo espontáneamente, como flores, buscando y
permitiendo el establecimiento de nuevas relaciones y experiencias fuera
del ámbito materno.
Este momento, de cambio a niveles muy profundos
en el niño (no en vano es la etapa de las rabietas), requiere y exige
de nuevo un ajuste por parte de la madre, que se enfrenta a nuevos
retos.
Por una parte, la madre experimenta un retorno (paulatino) a
lo real. Como si despertara de un sueño, terminara un largo viaje,
concluyera una etapa… las gotas de lo real van cayendo sobre ella e
invitándola a volver la mirada hacia algunos aspectos de su mundo, su
existencia, que hasta ahora permanecían casi dormidos:
- La soledad
(esa que es intrinseca a la existencia), pues así como aprendimos a
tolerar que otro ser humano (nuestro hijo) anidara en nuestro cuerpo
primero y después en nuestra emoción… deberemos aprender a dejarle volar
cuando lo necesite y comprender que puede amar, recibir y darse también
a otras personas que no somos nosotros.
- A sus deseos y
necesidades hasta ahora en un segundo plano y ahora quizá dolorosamente
más conscientes. Se impone la búsqueda de un nuevo equilibrio, entre el
deseo propio que renace y el niño que tenemos (con sus nuevas
necesidades de nosotras) de nuevos códigos, nuevos compromisos. A veces,
en este momento aflora de nuevo el deseo de otro hijo.
Se inaugura,
en definitiva, una nueva manera de “estar” con ese bebé que ahora va
camino de ser niño y al tiempo, una nueva manera de estar con una misma ,
un nuevo lugar en el mundo.

Salir de la díada.

Uno de los
primeros problemas que nos vamos a encontrar en la crianza con nuestros
hijos va a ser en torno a esta salida del puerperio.

Es la
primera vez en la vida del bebé en la que las separaciones físicas
pueden ser beneficiosas para ambos, porque ese bebé ya existe de forma
emocionalmente independiente de la madre y puede tolerar su ausencia
porque puede vincularse “desde él” a otras personas, enriquecerse de ese
intercambio y volver luego a la madre más nutrido, con nuevas
experiencias, elecciones personales, etc..

Por lo general, es la
figura paterna (o la pareja) la que favorece y permite que tenga lugar
esa nueva dinámica en la relación pasando de la díada a la tríada. La
madre vuelve a recuperar la relación con la pareja y el bebé puede
inaugurar un vínculo con el padre más sólido. Así cambia totalmente la
dinámica de la familia.

Cuando no hay figura paterna (o cuando
la pareja se ha separado demasiado durante los primeros años de
crianza), salir de este funcionamiento de “dos fusionados” es más
difícil, a menos que la madre sea consciente de la necesidad de permitir
la participación de otros en la vida del hijo y en la suya.

Pero
ojo, esto no significa que tenga que haber interferencias entre ambos,
madre e hijo ni que su relación y sus vínculos pierdan calidad o fuerza.
Esto lo que significa es que madre e hijo tendrían que ir
compartiéndose a sí mismos con otras personas según van madurando en su
relación. Aceptando la inclusión de otros en la vida de la madre o en la
vida del hijo.

A veces, a estas edades las preguntas, los
juegos y necesidades de los niños en torno al padre se refieren más a la
posibilidad de pertenecer o tener que ver también con otro (u otros)
que no sea mamá que a la necesidad de tener un padre real.

Si no
establecemos una forma nueva de vincularnos con nuestros hijos, es decir
si no permitimos que entre nadie más en nuestra vida emocional ni en la
vida de nuestros hijos, permanecemos en un intercambio emocional en el
que al no haber otro, nos poseemos mutuamente al 100%.

Este “estar referidos el uno al otro constantemente”:

Para nosotras significa que:
-Cubrimos todas nuestras necesidades emocionales con el amor de nuestro hijo y a través del rol materno.
-Convertimos a nuestro hijo en la persona responsable de cubrir esas necesidades.


Para el niño significa que:

-Se siente responsable del bienestar emocional materno.
-No
se permite a sí mismo separarse o desarrollar su propia identidad a
través de las relaciones con otros, porque percibe que la está
traicionando.
-Permanece identificado con la madre y desarrollándose “para ella” , no por él mismo.


Por
eso, la dificultad quizá más importante que podemos encontrarnos cuando
llega este momento no es tanto el hecho de que no haya una figura
masculina, sino el hecho de que no tengamos otros referentes emocionales
salvo nosotros mismos.

Desde la omnipotencia (yo sóla puedo con
todo y se lo puedo dar todo a mi hijo) es imposible vivir y menos aún
criar a un hijo y ofrecerle una relación emocional sana y unos vínculos
sanos.

Desde el punto de vista educativo, no hay ninguna
diferencia entre este tipo de familia y cualquier otra, pero nos vamos a
encontrar una serie de situaciones en las que vamos a echar de menos la
existencia de un otro, sobre todo a partir de los dos años de edad
porque es el momento en el que vamos a empezar a tener más conflictos
con nuestros hijos.


Echaremos en falta un “alguien más” :

-Para poner en común puntos de vista sobre la educación y la crianza, contrastar opiniones, tomar decisiones, etc..
-Para apoyarnos/descansar en la relación con nuestro hijo.
-Para tomar el relevo cuando hay conflictos.
-Soporte emocional.
-Apoyo logístico.
-Separador emocional.

En
el resto de aspectos educativos: la gestión de los límites, el
acompañamiento emocional del niño, autonomía, autoestima, cooperación en
casa, etc… las recomendaciones son las mismas que para cualquier otro
tipo de familia.


Cómo incluir a otros en nuestra vida.

-A través de la familia extensa.
-A través de la red social.
-A través de la pareja.
-Aumentando la familia.
-Intereses personales, aficiones, proyectos nuevos que nos hagan vibrar.
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Re: CRIAR SIN PADRE

Mensaje por lolaargentina el Jue 01 Sep 2011, 6:01 pm

gracias por ponerla Romi!

Lolaargentina
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Re: CRIAR SIN PADRE

Mensaje por Dora el Vie 02 Sep 2011, 9:14 pm

Me ha parecido interesante.
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Re: CRIAR SIN PADRE

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